Martes, 17 de febrero de 2015
Consciente de la gracia de Dios En el año de 1989 cursaba segundo año de bachillerato en un instituto nacional de Cojutepeque, en esos días la guerra civil estaba en su apogeo, muertos por un lado, tiroteos a diario, bombardeos aéreos en los cerros, sobre todo en el cerro de guazapa que curiosamente quedaba una vista lejana desde el patio de mi casa. Los sonidos de la bomba se escuchaban fuertes, los aviones rugían en el aire, escupían bolitas de fuego y junto a ellas se escuchaban ráfagas de disparos. En la noche era como una quema de pólvora que se visualizaba en lo lejos, claro tomando en cuenta que todo era un ataque del ejército a la guerrilla y una bala podía salir perdida de un momento a otro, soldados desplazados por tierra y la respuesta guerrillera hacia los aviones no se podía demorar y así subían también disparos que se veían seguir al avión. Era evidente que las bajas por parte de ambos bandos eran considerables pero sobre todo en el ejército y de esta manera necesitaban reemplazos constantemente, es ahí donde aparecían los reclutamientos forzosos, consistía en detener los buses de transporte público y registrar a los pasajeros, determinar su edad y revisarlos físicamente para detenerlos y llevarlos al cuartel. Cada centro militar tenía que hacer sus propios reclutamientos de tal forma que en una misma ruta podía haber dos grupos militares reclutando. En medio de este ambiente yo viajaba hacia san salvador recorriendo veinte y tres kilómetros para ir a estudiar un curso de computación que consistía en usar una computadora por cada 5 alumnos. Una pantalla de color naranja y uno del grupo que digitaba los comandos que eran palabras claves con la que se comunicaba con la maquina. Cierto día me dirigía hacia mi casa y exactamente en el desvió de Apulo, Ilopango que era un punto frecuente de reclutamiento para el batallón Belloso cuya base estaba en San Bartolo detuvieron el bus en que viajaba, registraron a todos los hombres, pidieron documentos, yo portaba mi carnet de estudiante. Viendo el soldado la edad en mi carnet, me dio la orden que me pasara a la fila de los detenidos. Dejaron ir al bus y muchos quedamos detenidos porque teníamos la edad y estábamos aptos para prestar el servicio militar obligatorio que exigía el estado a toda la población vulnerable menos a los niños ricos que Vivian en las zonas de alto prestigio económico. Nos trasladaron al cuartel, me examinaron, me cortaron el pelo y listo, los exámenes estaban aprobados y por tanto a eso de las 11 de la noche estaba ya en la fila para aprobar los últimos exámenes y confirmar mi servicio militar obligatorio. Mi familia estaba preocupada por no haber llegado esa noche a mi casa, quienes ya habían recibido la noticia de lo sucedido en el bus porque ahí se transportaban vecinos que vieron todo lo ocurrido. Siempre corrí de los reclutamientos, me escondía, no salía los días que reclutaban, pero ese día no pude escapar. Estaba listo para causar alta, en esa fila recuerdo perfectamente que algún pensamiento paso por mi mente, una idea me invadió, y exprese: “Dios si es mi destino estar aquí, aquí estaré; pero si no, sácame de aquí”. Unos segundos después un oficial se acerco a mí, exactamente a mí, habiendo una larga fila de reclutas, expresó en voz medio alta: “¿hay alguien de aquí que no quiere estar?”, en unos segundos dude, pero luego me decidí y levante la mano, y dije: “yo no quiero estar aquí”. Le exprese todos mis motivos y de una vez me dijo pase a la fila de los enfermos. Esa fila estaba a la par mía. Este fue un evento que paso desapercibido por muchos años, luego de interiorizar en mi historia personal llegue a entender que DIOS estuvo ahí conmigo. Ahora entiendo que la gracias de Dios actuó en mí. Cuando me acuerdo de este evento me siento querido, amado y comprendo nunca he estado solo, ahora consiente de la gracia que Dios tiene para mi, veo que Dios ha caminado junto a mí en toda esta historia de vida.
Publicado por jorseviv @ 4:28 AM  | Teol?gicos
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