Lunes, 12 de abril de 2010

Una noche de terror y dolor

 

Eran como las 8:00 pm del día sábado 26 de abril, cuando miembros del ejercito llegan al cantón, en camiones Magiruz con su respectivo uniforme, pero los que afrontaban a las victimas y las señalaban, estaban vestidos de mujer  y con mascaras. Inician la masacre casa por casa, en el siguiente orden: Eligio Díaz, Miguel Hernández Vivas, Antonio Hernández, Teresa de Jesús Mejía, Amadeo Presa Soriano, Manuel de Jesús Ascencio Presa y Teodoro Hernández; haciendo uso de arma blanca y dejan do cuerpos destrozados, decapitados. Mientras hacían el horrendo crimen, a los familiares los encañonaban  y los amenazaban con matarlos  si se oponían, en algunos casos personas por lamentar el hecho y pedir que no lo hicieran los golpearon contra el suelo. Al retirarse después de cometer el hecho les daban orden a la familia que se quedaran dentro de la casa  y no salieran porque los iban a matar, a otras familias también les dijeron que no los fueran a velar  y que el siguiente día los enterraran. Los cuerpos fueron reconocidos al día siguiente y cada familia se entera que habían otras familias en igual situación, hecho que extrémese a todo el cantón  y se planea que se enterrarían ese mismo día a las dos de la tarde. Los cadáveres son conducidos al cementerio general de San Pedro Perulapán en fila encabezada por la única mujer.

 

Este mismo mes 16 días antes habían dado muerte en iguales condiciones  que los anteriores a Ulises Mejía, padre de Teresa Mejía, y un mes después aproximadamente  dieron muerte a Concepción Hernández hermano de Antonio Hernández.

 

Algunos de los asesinados pertenecían a la directiva cantonal, por lo que destacan algunos logros como: construcción de una Hermita Cruz arriba, electrificación del cantón Cruz arriba, apoyo a equipo de futbol.

 

“LOS QUE MUEREN POR LA VIDA N OPUEDEN LLAMARSE MUERTOS”, Victor Jara.

  

   
Con un pensamiento de  este cantautor termina la narración general de los hechos ocurridos en este cantón de San Pedro Perulapán ubicado a 22 Km de San Salvador. Descripción escrita en el año 2009 para el 29 aniversario de sus asesinatos.

 

En lo personal aun recuerdo esa noche, una noche totalmente oscura, una noche negra, una noche de muerte. Toda mi familia estaba durmiendo, eran aproximadamente las 11 de la noche. Todo estaba en silencio que parecía que todos dormían. La tranquilidad de la noche se interrumpe cuando de repente se escucha que alguien habla en la puerta de la casa: “¡Lola!, ¡Lola!, Despierten,  Mataron a Teodoro”.

 Lola Era mi tía la, mayor de todos, jefa de hogar. Luego del aviso ella despierta a todos los de la casa, incluyéndome a mi, yo tenia exactamente 9 años. Todos nos despertamos, completamos nuestra ropa, alguna camisa larga y salimos por un camino vecinal que esta por medio de terrenos vecinales a salir enfrente de la casa da la victima.

Caminamos, nos bastaron 5 minutos para llegar al lugar de los hechos, a 10 minutos de haberse retirado el camión del ejército, después de haber asesinado a Teodoro, un hombre sencillo humilde que trabajaba como mecánico automotriz en MACHINERY.

 Llegamos a la casa de Teodoro, encontramos a una mujer tirada en el suelo, abrazando a una niña de 9 meses de nacida, una mujer totalmente incapaz de reaccionar, habían matado enfrente de ella a su esposo. Le dieron de machetazos, le cortaron el cuello.

 Aun recuerdo aquel cuerpo de la victima, tirado en el suelo boca abajo, en calzoncillo blanco, recuerdo las heridas abiertas a la altura del hombro, tenía una herida en la mano, parece que cuando le dieron la primera cortada quiso defenderse metiendo la mano izquierda.

 La esposa no podía ni tan siquiera llorar, las luces dentro de la casa las dejaron encendida, recuerdo que entramos a la casa, encontramos la puerta destrozada, la derribaron a patadas, la ventana forzada. Al marcharse  los delincuentes amarraron ropa encima de los focos con la intención de que al calentar agarrara fuego la casa.

 Las únicas palabras que  pudo decir la esposa viuda es que le habían dicho que regresarían, todos estábamos en el patio de la casa, junto al cadáver de la victima, asombrados, aterrados, sin saber que hacer, con miedo de que cumplieran su promesa de volver.

 Estábamos en el momento de recorrer la casa, llorando tal barbaridad, la casa quedaba  sobre  unos  5 metros sobre el nivel de la calle, de tal forma que debajo de la casa pasaba la calle principal, ya que la casa estaba ubicada en medio de una pendiente que tiene de largo aproximadamente medio kilómetro.

 Consolábamos a  María Luisa, le quitamos la niña de los brazos, ella estaba mal de los nervios, se encontraba en una situación al borde de un shock. De repente escuchamos el sonido potente del carro militar, carro Magiruz como lo describen en el relato anterior, carros grandes en donde movilizaban a la fuerza armada, lo escuchamos que venía asomándose al inicio de la cuesta. En ese momento dicen ¡vámonos al monte!.

 Todos corrimos hacia un cafetal que estaba al costado derecho de la casa, al lado izquierdo pasaba la calle y al extremo había una pequeña pendiente en modo de joya en donde habían árboles de mango, café, anona, zungano y árboles maderables. Corríamos apresurados, yo sentía que nos alcanzaban los soldados, sentí una presión en el pecho, aflicción, ganas de volar, esconderme y salir de esa escena horrible.

 El carro se escuchaba cada vez más cerca, nosotros nos deslizábamos en la ladera para ocultarnos, íbamos  unas 10 personas, entre ellos niños. Nos decían que nos calláramos, que no vayamos a hacer ruido.

  Nos tiramos boca abajo, debajo de unos matorrales, escondidos, deteníamos hasta la respiración para no ser detectados en caso de que volvieran a la casa, estábamos asustadísimos, el corazón me palpitaba más aprisa. Estábamos callados, el carro se acerca a la casa, lo escuchamos en frente, escuchamos si se detiene. El carro se va pasando, no se detuvo en ningún momento, entonces quiere decir que ellos no tenían intención de regresar a la casa de la victima.

 Para cuando el carro volvió, eran aproximadamente las 12:30 de la noche, desde que nos escondimos no pudimos volver a la casa, el valor nos faltó, el día nos encontró escondidos, el sol nos sorprendió escondidos, cuando la el sol venció la noche, a eso de las 6 de la mañana, salimos de nuestro escondite.

 Al regresar por la mañana nos enfrentábamos a ¿Qué hacer con el cadáver?, ellos habían advertido que los enterraran al siguiente día. El día avanzaba, la familia sombrada, la gente repartía la noticia, poco a poco la noticia se expandía de otros asesinados, al fin de cuentas resultaron ser 7 personas asesinadas esa misma noche en el mismo cantón. Todos asesinados de la misma forma, utilizaban el mismo método. Les daban muerte en el patio de la casa, para no hacer ruido con machetes.

 Los dolientes se lograron contactar, en medio de su dolor, lograron determinar que los cadáveres los enterrarían a las dos de la tarde del día siguiente del asesinato. Recuerdo aun como si hubiese sido ayer. Para las dos de la tarde una fila de ataúdes se encaminaba hacia el cementerio general. Mucha gente de negro, llorando, por momentos el silencio invadía el mar de gente que acompañaba  el funeral. Palabras no existían para explicar este hecho.

 María Luisa, esposa de la victima, tía mía, ahora explica como fue que llegaran los soldados, forzaron la puerta, vestidos de mujer, otro vestido de cura, con mascaras para no ser reconocidos, a pesar de todo ella reconoció a un victimario.

 A ella la tenían acostada boca abajo, uno de ellos saco el machete, y se lo ponía en la cabeza, le preguntó a su jefe si le daba, él le dijo que no, porque tenia la niña.


Tags: noche

Publicado por jorseviv @ 5:08 AM
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