Viernes, 26 de marzo de 2010

Morir para vivir

 Un canto de alabanza dice “Hay que morir para vivir...”, sigue la letra de la canción “…pero  si muere, en abundancia dará un fruto eterno, que no morirá”.

 Monseñor Oscar Arnulfo Romero ha dejado una semilla imparable, una huella imborrable que nadie podrá detener; la maduración del fruto, que es precisamente la semilla del reino de Dios.

 La mística cristiana, el trabajo pastoral, la función profética que incomodó a muchos e incitó a  quitarle la vida a este hombre de Dios. Monseñor Romero fue el Juan Bautista de el Salvador, hombre que grita la voluntad de Dios ante una sociedad que excluye, ante un poder que oprime, ante una mayoría explotada. Los poderosos  no pudieron ensordecer sus oídos y pidieron la cabeza del profeta.

 Después de 30 años de la muerte de Monseñor Romero y  de haber tratado por todos los medios opacar las celebraciones realizadas en todo el país, realizadas por las diferentes denominaciones religiosas, ahora comienza una nueva etapa de reconocimiento del esfuerzo que Monseñor Realizó con la gente más desprotegida.

 El gobierno actual  presidido por Mauricio Funes retoma estas celebraciones y programa una serie de actividades para honrar  oficialmente la memoria de Monseñor Romero, entre ellas conciertos, exposiciones, teatros, y murales.

El hecho que el estado este avalando las celebraciones y honrando la memoria del mártir tiene efectos e incidencia política, es ver la acción de Monseñor desde el punto de vista político y social. Esta visión se queda a medias, ya que la misión de Romero no fue lo político,  lo puramente social o exclusivamente social, su inspiración fueron los documentos de la iglesia –concilio vaticano II- actuó en lo social porque vio a Jesús en medio de la gente que sufre.

 Debemos reconocer el esfuerzo y las buenas intensiones que surgen con la elaboración de diferentes proyectos, pero debemos mostrar el rostro completo del profeta salvadoreño. También debemos reconocer los riesgos, que la figura de Monseñor se politice, se minimice, se oculte esa fuerza que le hizo ser lo que fue, y es la fuerza de Dios que permitió y transfirió la inteligencia y la vos que acompañaba al pueblo en su sufrir.

 La memoria, el espíritu de Monseñor Romero debe de inspirar un modo diferente de vivir, debe de ser un medio de acercarse a Dios, una manera de conversión tal como él lo decía en sus homilías.

 En cuanto no exista conversión, abandono de actitudes injustas, actitudes despóticas, opresión  a los indefensos o nos pongamos de parte de los que tienen poder, podríamos hacer celebraciones por todos lados pero su pensamiento no tendrá mayores consecuencias en la realidad de nuestro país.

 Si el gobierno declara guía de la nación a monseñor Romero, es preciso que el compromiso por desmontar las estructuras de privilegios que existen en los diferentes niveles. Que no sirva solo para dar una apariencia o ganar simpatía política, sino que impulse acciones concretas de cambios sociales que protejan la salud, alimentación y educación de los que hasta ahora no la han tenido.

  El mensaje evangélico de este pastor no ha cesado de escucharse, ahora mas que nunca su palabra toma fuerza y su voz de profeta se toma plenitud entre el pueblo pobre del Salvador “Si me matan resucitaré en el pueblo Salvadoreño”.

 Monseñor Romero Vive, monseñor sigue inspirando a muchos jóvenes que le conocen, las multitudes se avocan a rendirle tributo, a buscar la gracia, la paz, el consuelo y la esperanza, porque desde el cielo sigue iluminando el trabajo de la iglesia, de los sacerdotes, de los laicos y de los pobres que son sus preferidos.

 “La lógica de Dios no es la misma que la del hombre”, esto no lo tuvieron en cuenta los asesinos de Monseñor Romero, ciegos a la luz y guiados por la oscuridad quisieron apagar la voz de Dios, más no sabían que con la muerte le estaban dando vida eterna. Morir para vivir, Monseñor Romero vivirá eternamente en el pueblo Salvadoreño.


Tags: vivir

Publicado por jorseviv @ 3:39 AM  | Teol?gicos
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