lunes, 05 de abril de 2010

“Nunca estuve sola”

 

Estaba huyendo del calor del mediodía, buscaba un lugar acogedor que me refrescara con su sombra. El cuarto, mi antiguo cuarto en donde dormía en tiempos de soltero, el lugar que muchas veces me albergó en aquellas noches largas de estudio, yo y una vela de cera que abría espacio en la espesa noche para dar pasó a las negras letras de los libros que me instruyeron.

 

Estaba un banco, me senté, vuelvo a ver la mesa de estudio y en sus espacios yacían materiales, cuadernos y libros que utilizamos yo y mi hermano de cuando estudiábamos bachillerato. Entre todo esto estaba la obra en cuyo reverso aun tiene el precio de  25 colones, en esos días me dio por leer sobre los hechos ocurridos en el salvador durante la guerra, estos días de vacación lo he leído por segunda vez, su nombre es “Nunca estuve sola” de Nidia Díaz.

 

 La autora inicia el escrito narrando el día 18 de abril de 1985,  estaban en La Angostura, entre los cantones Cerros de San Pedro  y San Jacinto La Burrera, en el municipio de San Estaban Catarina, departamento de San Vicente. En este lugar fueron atacados por patrullas militares, avionetas y helicópteros y militares aerotransportados. Todos los campas tomaron posición, pero tenían desventaja de no tener la ametralladora en el cerro. Nidia siguió avanzando hasta buscar una mejor posición pero en el camino fue atacada por un helicóptero al que fue imposible ocultársele

 

El helicóptero que la detecto descargo ráfagas de disparos, alcanzándole uno en el hombro y fracturándosele un pie que años atrás se lisió. Ella se hizo la muerta, el piloto mantuvo el helicóptero a unos metros de distancia, ella desmayada momentáneamente, cuando volvió en si, estaba siendo registrada por un hombre alto, de barba y de lentes, ella dice era un  YANKY.

 

Al detectar la presencia del enemigo intento sacar su puñal, pero inmediatamente el captor le retuerce el brazo y ella, vuelve a desmayar, despierta nuevamente en el helicóptero intenta varias veces tirarse en pleno vuelo pero  no la dejan.

 

La llevaron al cuartel de la Policía Nacional, ahí tenían cárceles clandestinas en donde interrogaban a los capturados acusados de guerrilleros. Según la autora no sabían el nombre de ella, después de indagar con documentos encontrados en la mochila y comparar las fotos del encuentro del dialogo en la palma de Chalatenango en 1984, comprobaron que era una comandante del FMLN.

 

Comenzaron los interrogatorios, no de uno sino de muchos detectives y militares entrenados para interrogar, según la autora pasaron 16 días sin dejarla dormir e interrogándola sin descansar.

 

 

Inmediatamente la capturada se declara prisionera de guerra, insiste en mandar a llamar al CICR (Comité Internacional de La Cruz Roja), a la comisión de derechos humanos internacional y otras instituciones que velaban en ese entonces por los derechos de los capturados en combate.

 

En el libro relata que el pedido se hizo realidad, la Cruz Roja se  presentó, los familiares la contactaron a través de esta institución, pero luego las consecuencias se hicieron presentes, la familia de Nidia que principalmente se trataba de su hijo y de su madre las comenzaron a perseguir y a recibir amenazas de muerte hasta llegar al ametrallamiento de la casa en donde vivían.

 

La mamá de Nidia conocía a Duarte y a la mamá de duarte, ella se animó en escribirle una carta para pedirle que parara la persecución, Duarte se comprometió a investigar y a detener la persecución, cosa que nunca sucedió. Este hecho llevo a la familia a emigrar a Suecia.

 

Los cuerpos de seguridad seguían reprimiendo, encarcelando, matando y desapareciendo gente. Duarte perteneciente a la democracia Cristiana había hecho una alianza con los  militares  y la oligarquía de  esa época, de tal forma que el cambio de gobierno solo era un continuismo de los años anteriores, con la diferencia de que hoy el opresor era un presidente civil y no un militar, pero en fin siempre opresor. Según los apuntes de Nidia.

 

En la celda siempre estuvo custodia de uno o dos detectives, el área la volvieron privada de tal forma que nadie podía cruzar sin permiso, su celda estaba a la par de otra en donde hacían los interrogatorios, los maltratos se escuchaban claramente.

 

Según las leyes del país, Ella debía de estar en Cárcel de Mujeres ubicada en Ilopango, derecho que Ella comenzó a exigir enviando cartas al director de la Policía Nacional, al encargado de inteligencia y hasta al ministro de seguridad de aquella época. Nunca la quisieron trasladar aduciendo que tenían miedo de un ajusticiamiento de parte de los sectores ultraderechistas, ya que existían mandos militares descontentos por no haberla matado en combate.

 

El tiempo corría, Nidia temía por la seguridad de  los compás en las montañas debido a la cantidad de información que le decomisaron de su mochila, y de otra que habían conseguido y se la atribuían a Ella. Podía suceder que sus compañeros de combate perdieran la confianza en Ella y desistieran por rescatarla. Los captores  también tenían temor   de un golpe que podría dar el FMLN para rescatar a la Comandante Marta Valladares con seudónimo Nidia Díaz.

 

 

Durante su estancia en la cárcel se transportaba mentalmente a los campos verdes en donde las flores, el agua y el paisaje natural servían de techo. Las mariposas sus presas preferidas y la belleza de los colores de sus alas las mas admiradas  de la naturaleza.

 

Sus hábitos los mantuvo incluso encerrada, después de conseguir algunos privilegios entre ellos que le enviaran algunos libros, una radio, una mesita, ropa y hasta comida de oficiales. En sus momentos de libertad interior se ponía a bailar yaz a espaldas de sus carcelarios.

 

Narra los primeros días de cautiverio como días eternos, con la pierna rota, una bala en el hombre, un dolor intenso. Pero dice también que no se comparan con los dolores de parto, días sin bañarse, sin medicina, cuenta que sentía piojos en el pelo, vendada no se podía rascar ni espulgar la cabeza.

 

Físicamente estaba destrozada, pero interiormente estaba fortalecida por sus ideales, por la compañía de sus compañeros que murieron torturados en esas mismas cárceles. Dice que sentía la presencia de ellos, la fuerza de ayuda que emanaban del silencio y de la soledad del interior de la celda.

 

Los días en la cárcel transcurrían angustiosamente, presentía que sería asesinada y desaparecida como muchos compas capturados en combate. De pronto se escuchaba murmuraciones entre los oficiales, le despertó curiosidad y enciende la radio para escuchar las noticias, la sorpresa es que la hija del presidente Duarte la había capturado la guerrita en un asalto frente a la universidad que ella frecuentaba.

 

La narración del acto de secuestro en tiempo record de 4 minutos incluyendo salir del lugar, así como neutralizar la seguridad de Inés Duarte. Este acto demuestra la efectividad de los comandos urbanos de la guerrilla. Otro acto similar fue la masacre perpetrada en la Zona Rosa, una zona exclusiva de San Salvador, en donde ametrallaron a unos asesores norteamericanos que estaban compartiendo en un restaurante.

 

Con el secuestro de Inés los oficiales comienzan a especular sobre la liberación de Nidia, algunos hasta le confirman que esta en la lista del canje anunciado por la guerrilla. Las negociaciones avanzan hasta llegar a acuerdos de canjear alcaldes secuestrados, oficiales y la hija de Duarte por un grupo de guerrilleros capturados y la salida de lisiados de guerra a curarse a cuba.

 

El día  esperado llega, se despide de los encarcelados otorgando algunos recuerdos entre ellos toallas, camisas, calcetines inclusive cigarros y dulces que recibía de las visitas. El momento ha cambiado, la victoria se siente, se vive entre aplausos y vivas se dirigen a Panamá para luego irse a cuba. Sus compañeros de lucha se emocionan de verla nuevamente, pero este momento ha sido posible gracias a la aferracion de sus ideales, el no haber renunciado a sus creencias ni a la revolución. Comenta ella:”si no hubiese sido fiel a mis principios y creencias, el momento que ahora vivo fuera de vergüenza y no de victoria”.    

 

“Mi vida es luchar por la libertad, sino lucho por ella, muero de pena”. Con esta frase terminaba sus cartas dirigidas a oficiales, compañeros, amigos y organizaciones defensoras de los derechos humanos.                                                                                                                                                                                                                                     


Tags: Nidia Diaz

Publicado por jorseviv @ 2:02 AM
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